universidades privadas en México

Las universidades privadas en México

La educación desempeña un papel fundamental en la movilidad social y ayuda a construir la identidad de un país, pues provee a la sociedad de conocimientos y habilidades y moldea la personalidad de las generaciones emergentes. En el caso de la educación superior, esta puede convertirse en una etapa de formación que desarrolle y acreciente el interés de los jóvenes por los asuntos públicos que afectan el bienestar y el desarrollo económico del país. La pregunta es si contamos con instituciones que tengan la capacidad de responder a las problemáticas de la sociedad y aseguren un espacio valioso para el crecimiento del conocimiento y el bienestar de todos.

Existe un crecimiento exponencial de la escolarización formal en México en todos los niveles educativos. Por ejemplo, según datos de la Secretaría de Educación Pública (SEP), como resultado de políticas públicas, entre 1970 y 2002 la educación básica obligatoria tuvo un aumento de casi 419 mil alumnos por año. Esta es una tendencia que parece continuar a medida que la educación en México ha tenido que acoplarse a las necesidades sociales y de globalización. En el ciclo escolar 2017-2018 se matricularon 30.7 millones de alumnos en educación básica obligatoria; esto representa un aumento de 6.7 millones de alumnos desde el ciclo escolar 2007-2008. En el caso de la educación superior, de acuerdo al Banco Interamericano de Desarrollo y a la SEP, México destina a la educación universitaria el 1.1% del PIB anual (247 mil 649 millones de pesos), inversión que cubre la demanda de 3.1 millones de alumnos de los más de 4.2 millones de personas que formaron parte de la matrícula universitaria durante 2018 en México —un aumento del 2.7% con respecto al 2017.

Las limitaciones de la educación pública y sus restricciones presupuestarias han resultado en un crecimiento desproporcionado de la matrícula de escuelas privadas que en 1990 representaba el 19% del total del país, en el año 2000 del 30% y en 2017 del 41%. Estas limitaciones también se suman a la percepción de muchas personas de que las instituciones privadas tienen mayores estándares de calidad a la hora de especializar a sus estudiantes, y aunque esto no sea necesariamente cierto —la UNAM ocupa el cuarto lugar en el ranking de universidades QS en latinoamérica—, de acuerdo a estudios como los de Vries y Navarro y Suárez (2012), los egresados de las instituciones de Educación Superior privadas son más exitosos que los de las públicas en términos de salario y tienen ingresos hasta cuatro veces más altos; también se desempeñan como directivos o empleados de oficina.

En todo caso, el sector privado se presenta como una alternativa en aumento en la educación superior mexicana. Sin embargo, la realidad en términos económicos de esta alternativa puede resultar un tanto inquietante cuando observamos el costo de las mejores universidades privadas del país, sobretodo si tomamos en cuenta que pueden aumentar hasta un 10% cada año. Ejemplos de estas cuotas son la Universidad Iberoamericana que puede costar desde $50,500 al semestre hasta $151,000; el Tec de Monterrey campus Ciudad de México que cuesta en promedio $120,000 semestrales, la Universidad Anáhuac que tiene un costo promedio de $128,000 semestrales o la Universidad La Salle en la Ciudad de México que tiene una cuota semestral promedio de $114,000.

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